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Honduras debe producir más y depender menos de remesas

7 de enero de 2026

7 de enero de 2026

La economista hondureña Amparo Canales, expresidenta del Colegio Hondureño de Economistas (CHE), advirtió que Honduras se mantiene en una zona de confort económica peligrosa, impulsada más por el dinero que envían los migrantes que por la capacidad productiva del país.

 

En una reciente intervención pública, Canales enfatizó que, si bien las remesas han servido como un salvavidas para miles de familias, su peso dentro de la economía nacional ha terminado por debilitar los incentivos para desarrollar sectores clave como el agro, la industria y la exportación de bienes con valor agregado.

 

La experta explicó que las remesas representan más del 25 % del PIB, una proporción que supera la de muchos países de la región y que ha convertido esos flujos en la principal fuente de divisas, incluso por encima de rubros tradicionales como el café o la maquila.

Canales subrayó que esta dependencia no solo refleja la falta de empleo local, sino también la ausencia de una estrategia sostenida para transformar la producción primaria en productos competitivos que generen ingresos propios y permanentes.

 

“La economía hondureña se ha vuelto altamente vulnerable a decisiones externas”, señaló Canales, refiriéndose a cambios en la política migratoria de Estados Unidos, variaciones en el empleo de los migrantes o eventuales impuestos a las remesas, temas que han estado sobre la mesa en el debate público internacional.

En su análisis, cualquier golpe a estos envíos impactaría de inmediato el consumo interno, la estabilidad de los hogares y la recaudación fiscal indirecta, dado que gran parte de ese dinero se gasta en bienes y servicios dentro del país.

 

La economista insistió en que el país necesita un viraje estructural, donde la producción interna deje de ser un discurso aspiracional y pase a ser una política de Estado blindada por incentivos, acceso a crédito, inversión en tecnología, infraestructura rural y encadenamientos productivos reales.

 

Según Canales, el campo hondureño, pese a su potencial, sigue operando con limitaciones de riego, fertilización, asistencia técnica y logística, lo que reduce su capacidad para competir con importaciones que dominan el mercado local.

 

Otro de los puntos centrales de su postura fue el papel de las mipymes. Canales remarcó que más del 70 % del empleo nacional proviene de pequeños negocios, pero estos no cuentan con apoyo suficiente para escalar producción, formalizarse o insertarse en mercados internacionales. “Sin fortalecer a los productores locales, las remesas seguirán siendo la base involuntaria del modelo económico”, agregó.

 

Su llamado también incluyó la urgencia de equilibrar estabilidad macroeconómica con crecimiento social y productivo, advirtiendo que el próximo reto del país no es solo mantener números sanos en inflación o reservas, sino crear un modelo económico donde la gente no tenga que migrar para sostener su vida.

 

Analistas coinciden en que el mensaje de Canales revive un debate histórico en Honduras, pero con una diferencia clave: nunca antes las remesas habían tenido tanto peso ni la producción interna había sido tan desplazada por importaciones, lo que vuelve más crítico el momento para tomar decisiones estratégicas.

Su postura no rechaza el aporte de los migrantes, sino que cuestiona la falta de un modelo económico que les permita regresar a un país que sí produce y genera oportunidades.

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